
Nadie debe tener un espíritu de superioridad:
“Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad, porque «Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.”
1 Pedro 5:5
“Unánimes entre vosotros; no seáis altivos, sino asociaos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.”
Romanos 12:16
“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: «Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes».”
Santiago 4:6
Si todos nos admiramos unos a otros vamos a desarrollar una comunidad fuerte y atraeremos el favor de Dios. Es más fácil perdonar cuando mi corazón es humilde.
Me preparo para perdonar cuando:
a. Soporto los defectos de los demás:
“Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, procurando mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.”
Efesios 4:2-3
“Así pues, acéptense los unos a los otros, como también Cristo los aceptó a ustedes, para gloria de Dios.”
Romanos 15:7
Nuestra humildad se manifestará al soportar los defectos que otros demuestran y estar dispuestos a perdonar.
b. Renuncio a la competencia:
“Nada hagáis por rivalidad o por vanidad; antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo. No busquéis vuestro propio provecho, sino el de los demás.”
Filipenses 2:3-4
Cada uno de nuestros compañeros tiene algo que podamos admirar. Al hacerlo, eliminamos la competencia y podemos dedicarnos a buscar el bien de los demás.
Me preparo para perdonar cuando:
c. Trato de superar mis propios defectos
“¿Por qué te fijas en lo malo que hacen otros, y no te das cuenta de las muchas cosas malas que haces tú? Es como si te fijaras que en el ojo del otro hay una basurita y no te dieras cuenta de que en tu ojo hay una rama.”
Proverbios 15:31
“El oído que escucha las reprensiones de la vida, morará entre los sabios. El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo, mas el que escucha las reprensiones adquiere entendimiento.”
Mateo 7:3
Consolidaremos un corazón perdonador cuando empecemos a enfocarnos más en corregir nuestros propios defectos, que en lugar de juzgar a los demás. El hecho de considerar que nosotros mismos no somos perfectos, nos ayuda a extender el perdón hacia los que nos han ofendido.
Oremos para que Dios nos de la gracia de desarrollar una pequeña comunidad de gente que nutra un corazón humilde y misericordioso. Que la humildad nos guíe a pedir perdón por nuestros propios errores y la misericordia nos guíe a perdonar a los que nos ofenden.



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